«Sí, me quedo con vosotros», lo dicen tus grandes ojos marrones, a veces vidriosos, que te ocupan toda la cara. Cruzamos las miradas y me asomo a las ventanas de tu corazón a buscar respuestas porque no sabemos nada de ti, ni de dónde vienes, ni dónde vivías ni quién te cuidaba.
Ya hace unos días que desembarcaste en casa y aún te envuelve una nebulosa de misterio. En esta mañana fría de febrero, mientras escribo, compartimos el sillón, juntos, apretados. Llueve lentamente, tú buscas mi calor y yo agradezco el tuyo.


Nos dicen que tienes trece años, que tu dueño falleció y que tu futuro pintaba de un gris casi negro porque no tenías a nadie… Pero los planetas se alinearon, Nico, y los servicios sociales hicieron su labor. Hablaron con tu protectora y con Rosa, ese hada madrina que acoge en su casa a perros sin hogar. Luego nos avisaron a nosotros y en un plis plas decidimos que teníamos que ayudar. Sin pensarlo dos veces nos pusimos en marcha. Quedamos con Rosa para dar un paseo y conocerte. Y ahí estabas, embutido en un abriguito azul, contento, diminuto, sociable y confiado.
Nico, con tus patitas cortas caminabas rápido, enérgico, con decisión y al acariciarte notamos tu pelaje largo y suave. Y eso fue lo primero que también notó Vera, al conocerte: «¡Qué suavecito…!». A partir de ahí, amor incondicional por ti.
Entre Vera y tú, Nico, desde el minuto cero, se ha creado un vínculo mágico de cariño, comprensión y seguridad. Una conexión muy especial.
En estos días, lo que sí ha funcionado en casa son las caricias y el efecto piel con piel. Tú, solo buscas bracitos y nosotros solo te queremos dar muchos. Poco a poco tu sentimiento de pertenencia se agranda.
Aunque es difícil saberlo con certeza, creemos Nico que a ti te ha tratado bien tu anterior dueño. No tienes ningún miedo, como les pasó a Black y a Humo o cicatriz, como Wolf. Si tenemos suerte, quizá recuperemos alguna de tus andanzas pero si no, tranquilo, porque juntos recorreremos veredas, descansaremos al sol, soñaremos nuevas aventuras y así, reescribiremos tu historia.
Y si no, tiempo al tiempo, pequeño Nico. Nuestros caminos ya se han cruzado.









Debe estar conectado para enviar un comentario.