Seis de enero, mañana de Reyes. Melchor, Gaspar y Baltasar se han portado genial y te han dejado, debajo del Árbol, un montón de regalos. Uno a uno los has abierto, muy contento. Tus favoritos, sin duda, los coches o los camiones aunque los libros interactivos también te interesan. Concentrado, buscas los animales de la granja, pasas las páginas y no se te escapa ningún botón que, al apretar con tu dedito, hace que escuches «los sonidos del bosque» o tus canciones preferidas, entre ellas, «La Primavera», de Vivaldi que te activa y no paras de aplaudir, alegre como unas castañuelas.
Este día de Reyes ha sido muy especial porque Sergio, Vera y tú os habéis entendido a las mil maravillas. La tarde la pasasteis en la casita de cartón regalo de los Reyes Magos. Con una linterna, un par de almohadas, un silloncito y una manta para el suelo la habéis convertido en vuestro escondite secreto.
Sergio y tú, los más pequeños, entrabais y salíais sin parar. Ni para dentro ni para fuera y eso que Vera os había dejado su silloncito dentro de la caseta que, no es que sea muy grande, pero sitio hay más que de sobra, como para no tener que apretujaros…en la puerta, ni pasar uno por encima del otro.
Iaguete, con casi 16 meses, te has convertido en un intrépido explorador y tu curiosidad no tiene límites. Cualquier silla es buena para escalar o esconderte entre sus patas. No paras quieto y pasito a pasito recorres el pasillo de tu casa sin detenerte ante nada. Te llevas por delante todo lo que pillas ya sea tu gato Rocket o al bonachón de Ander, tu gran perro.
Todo te interesa, te gusta imitar todo lo que ves hacer y demuestras una gran curiosidad por las «faenas» de la casa. Pasar la bayeta por tu trona o preparar un café en tu cocinita te hace sentir mayor y satisfecho. Se te nota mucho, para ti son grandes logros, ¡claro que sí!
En unos meses, Iago, allá por primavera, tus habilidades irán a más y como la casita de cartón de los Reyes Magos se os quedará pequeña, ya te veo ayudando a papi a construir otra, siguiendo el ejemplo del cuento de «Los tres cerditos», ¡ya sabes! los cerditos que se hicieron cada uno su casa. El primero, de paja, el segundo de madera y el tercer cerdito, de ladrillo.



Cuando llegue el buen tiempo la llevaremos a la parcela y allí , en pleno campo, podrás pintarla como te guste y ponerle flores y, a lo mejor, alguna golondrina, cuando regrese de su largo viaje invernal, hace su nido en la chimenea.
Te veo pensativo, Iago. ¿Qué te preocupa?, ¡cuéntame!
Ah, es lo del Lobo Feroz…lo de «soplaré, soplaré y la casa tiraré».
No te apures, el cuento narra que cuando el Lobo se coló por la chimenea, cayó en un caldero llenito de sopa de nabos y ¡claro! el Lobo pegó un bote y salió corriendo. Se cuenta que el Lobo Feroz nunca más volvió.
Ahora, a dormir tranquilo, Iaguete. Sueña con casitas de ladrillo y cerditos felices.











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