Cuando en casa, hace unos días, empezaste a dar unos tambaleantes y pequeñitos pasos, sin agarrarte a un mueble o al sofá, casi se nos corta el aliento. No nos atrevíamos ni a respirar, Vera.
Y ahora ya no paras. Más segura y confiada exploras todos los rincones, te cuelas en el hueco de la lavadora y juegas a abrir y cerrar puertas, sin ningún miramiento.


Por suerte, también hay momentos de calma. Sientes curiosidad por todo y eres experta en apretar cualquier botón a tu alcance.

Pero la calma dura un segundo. Muy decidida, con los brazos abiertos, te lanzas a nuevas aventuras y llega lo inevitable: un traspié y ¡zas! culete al suelo. Pizpireta como eres, te recompones y te acercas para recibir un abrazote de oso.
Mimos y palabritas de consuelo te calman y te animan. «¡Choca esos cinco, bebé!», te decimos. Aplaudes y vuelvas a empezar…como una campeona.


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