«¡Es que no paro!», me cuentas… Lo sé, pequeña, lo sé.
Y sí, ya me he enterado Vera que, desde hace unos días, has vuelto a tu guarde y que los primeros ratitos de la mañana los pasas compungida. Luego te animas y superas el lío de coger los juguetes que te gustan o sentarte a comer en tu pupitre como una mayor…
Después de la comida vuelves a casa, un ratito de juegos y, prontito, a descansar y echarte una siesta en tu cuna. La merienda, si hace buen tiempo, la tomas en la calle, en los columpios. Pero si, como en estos días, hace mucho frío nos quedamos en casa, al calorcito.
A ti te encanta, te sientes segura y contenta en casa imitando lo que ves hacer. Tus papás, que saben mucho, se las han ingeniado para que trastees a tu aire pero sin riesgos.
Dan ganas de estar ahí. Tus juguetes o tus libros están ordenados y a tu altura para que los cojas a tu antojo. Todo a tu ritmo. Y así, afanosa y motivada, aprendes observando y das lo mejor de ti, preciosa.





