Con tus cuatro dientecillos, dos arriba y dos abajo, muerdes los trocitos de pan gallego, perfectamente. Muy concentrada, con tu cachito en la boca, lo das vueltas y lo reblandeces con tu saliva, hasta que lo tragas con facilidad. Así, no hay problema porque se deshace rápidamente.

Y no solo es pan, los purés de verduras calentitos o las papillas de frutas bien maduras, te encantan. Sentada en tu trona, te has acostumbrado muy bien a los nuevos olores y sabores…aunque, a veces, y eso solo lo sabes tú el por qué, sellas fuerte tus labios y no hay manera de «meterte la cuchara».

Después, en el sofá, más tranquila, miras atenta tu granja musical y exploras con tus manitas las formas de los animales. Te diviertes con los sonidos que, al azar, se escuchan cuando tocas la oveja, el perro o la gallina, mientras muerdes las orejas al gato.
¡Te desean buenas noches!

