«Es que no deja de maullar»
Quieremeunpoquito, la protectora de nuestro querido Black, nos avisó. Una gatita muy pequeña estaba sola, malviviendo por debajo de los coches, no era de ninguna camada ni ninguna gata mamá la cuidaba. Sus maullidos eran los que avisaron que algo no iba bien, no dejaba de maullar, ni por la mañana, ni por la noche.
Lo pensamos y tita Carmen se decidió. «Me quedo con ella». Dicho y hecho, viajó hasta la sierra de Madrid, la recogió y se quedó con ella, adoptó a Jade.
Tu tieta tuvo que sortear cierta incomprensión porque en la casa donde vivía por aquellos tiempos, las mascotas no eran bienvenidas. Aún así, agazapada en un transportín, muy calladita y tapada para que nadie la viera, la tita Carmen, la dio cobijo, la cuidó y la protegió. Así es como Jade, que no tenía ni un mes, se hizo okupa sin saberlo.

Ahora es una señora gata, muy tranquila, muy sigilosa, con sus preferencias muy marcadas: en casa pasa las mañanas enteras en su butaca preferida, cuando aprieta el calor sabe que el mármol frio del lavabo es el mejor refugio y, en cuanto a gustos culinarios, solo le gusta la comida seca…bueno, y los langostinos cocidos.






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