Mientras escribo estas líneas Iago, desde la ventana veo salir el sol. Amanece en la Costa da morte. Con este mismo título he publicado dos «post» más, uno el de tu primo Sergio y el otro el de tu hermana Vera. Los tres se entrelazan y se «pisan» en el tiempo. Aquí está el tuyo, Iago.

Con diez meses recién cumplidos, es la primera vez que vienes a la casa donde habitan las gaviotas. Antes de llegar , cuando aún estábamos en Hoyo, eras aún «pequeño», no gateabas y jugabas , sentadito.
Pero fue llegar a la inmensa playa de las aguas frías, pisar la arena y, a parte de rebozarte como una croqueta, has empezado a gatear. Feliz como una perdiz, te has soltado de tal manera que solo buscas espacios libres… Ya nadie te para. ¡Mírate!
Gatear por el suelo blandito de los columpios, te encanta. ¡Lo has conseguido! Confiado, ya controlas cantidad y te sientes mayor. Y, si además las gaviotas revolotean a tu alrededor y oyes sus graznidos, o ves cómo los coches, cuando pasan por tu lado, derrapan o aceleran (si es una moto, mucho mejor) sientes que la vida te sonríe. Eres un bebé feliz y se te nota mucho, Iaguete.



Y otro alegrón, en estos días de vacaciones, tu primer dientecito ha roto la encía y ya asoma tímidamente. Pronto habrá más y comerás chicha blandita y rica. Sergio está también estos días probando sus papillas con chicha. ¡Vais a la par!


Como las vacaciones se acaban y ya regresáis a casa, decirte Iago que te esperan muchas novedades y que, al igual que a Sergio y a Vera, os las iré contando por aquí. Lo importante, decirte como a Sergio que, cuando empieces de nuevo la guardería, vayas tranquilo y nada de agobios, eso sí, llévate también tu juguete preferido.
Mientras, disfruta, pásatelo de cine con Vera y duerme tranquilo que las gaviotas velan tus sueños.
¡Feliz regreso a casa!





