Días de verano, en Hoyo

En julio, cuando el sol apretaba fuerte y las tardes eran calurosas y eternas, vivimos juntos unas semanas en Hoyo. Gracias a la piscina y a los soportales nos hemos protegido del calor y del sol.

Por suerte, al fresquito de los soportales vosotros, Iago y tú Sergio, habéis dormido unas buenas siestas. Son lugares más sombríos y el aire es más fresco gracias a las corrientes que entran por todos lados y desplazan el aire cálido. En plena ola de calor, sí, los soportales son para el verano verdaderos refugios climáticos.

Iago, en esos días, por la mañana, cuando salíamos a pasear tempranito, nos acercábamos al prado a ver a tus amigas, las dos vacas rubias. Las llamabas y ellas venían con calma en busca de ese trozo de sandia fresca o cualquier otra fruta. Con caminar pausado, se acercaban a la valla metálica y, en plan amigos, os observabais, mutuamente. Al oírte, sus orejas se relajaban y, estoy segura que se les mejoraba el ánimo. Igual que tu ánimo, o el mío, Iago.

Pero el mejor plan, en esos días tan caluroso, ha sido bañarse en la piscina. Chapotear, refrescarse o nadar y bucear como tú lo haces, Vera, ¡cómo una sirena!

Ha sido lo mejor de julio y, entre baño y baño, un bocata, echar una manita a las cartas o perseguir pompas de jabón. ¡El super plan perfecto!

No quita, que al caer la tarde, los planes fueran más tranquilos. Antes de la cena, un ratito de lectura. Vera, por esos días, tu cuento preferido era «Daniela pirata». A bordo del «Caimán negro», el barco corsario más temido de los océanos, Daniela se hacía pirata. Seguro que tú, Vera, sueñas con navegar en el velero «Araña saltarina». Iago también prefiere convertirse en el pirata «Pata palo» y surcar los siete mares…

¿Les acompañas, Sergio?

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