Y otra vez, la lluvia

Sergio, desde que naciste, hace ya casi 40 días, no ha dejado de llover, excepto tres jornadas de sol. Ahora, en estos próximos días, si miramos al cielo, «las nubes de guata y ceniza» darán la razón al poeta, que añadió: «Son de abril las aguas mil».

Para que te hagas una idea, desde tu llegada al mundo el 24 de febrero, unos días después, en marzo, ha llovido a cántaros y se han batido todos los récords. Tu papá te lo contará mejor, te explicará este «dibujo» y te encantará escucharle

¡Presta atención!

A ti, esos días lluviosos no te han importado nada. El truco es que, cuando tus papás, a pesar de la lluvia, se lanzan a la calle, «envuelven» tu cochecito con un plástico de lluvia, y , ya sabes, ¡nada les detiene! Después de largos paseos, no se cuela ni una gota de agua. Bien abrigadito dentro de tu saco, metido en esa burbujita transparente, te echas tus buenos sueños reparadores. Sergio, ¡al mal tiempo, buena cara! Y sí, tu carita es preciosa.

En estos primeros 40 días Sergio, todo es nuevo. Para ti es un no parar. Nuevas rutinas y nuevos retos. Menos mal que en brazos de papá y mamá, piel con piel, es todo más fácil y te adaptas como un valiente a tu nueva vida.

Has vuelto a ganar peso, ya vas por 4 kilos 400 gramos, te encanta el porteo y ya fijas la mirada con curiosidad. El momento de mamar lo disfrutas y, si al final de la toma te apetece un «bibe», rápidamente tienes uno preparado de 90 mililitros. De un tirón te lo tomas y te quedas tan pancho.

Volviendo a la lluvia. En los campos, cerca de tu casa, las vacas están felices. Cuando llueva y las veas tumbadas en el pasto, en grupo, que sepas que es para mantener la hierba seca.

En nada, iremos juntos a verlas. Iago y Vera nos acompañarán y los tres les daréis muchas hojas de heno.

Mientras, sigue creciendo feliz. Yo te espero.

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