Vera, ¿te acuerdas de «Catuxa», la gaviota que el año pasado, nada más llegar, se asomó a nuestra ventana para darnos la bienvenida? Pues bien, este año su familia ha aumentado, tiene tres polluelos.

Catuxa es nuestra vecina y tenemos mucha suerte porque nuestras ventanas dan a los tejados, (vivimos en un bajo cubierta) y, basta subir las persianas cuando ya es de día, para ver como, entre las chimeneas, nuestras amigas las gaviotas anidan y cuidan a sus crías. Si las observamos en silencio averiguaremos como mamá Catuxa, siempre vigilante, espera a que papá gaviota regrese con comida para sus tres polluelos.


Los bebés de estas aves marinas algunas veces tienen problemas. La otra mañana, al asomarnos al patio, vimos a uno de los polluelos abajo, en el suelo. Mamá Catuxa espiaba desde el tejado y lanzaba fuertes graznidos, pero el pequeño no podía remontar el vuelo hasta el tejado. Se había caído al hacer las prácticas de sus primeros vuelos.
Rápidamente, hablamos con Poli, nuestro gran amigo y ya un experto en rescatar bebés gaviotas. Con destreza, entró en el patio y lo primero que hizo fue asegurarse que el polluelo no tenía nada roto. Luego, con mucha paciencia, maestría y cariño, logró arrinconarle y echarle por encima una manta para que se quedara quieto, no se escapara y así poder cogerlo. A partir de ese momento todo fue «coser y cantar».

En brazos de Poli, «Salvadito» se quedó quieto,


aunque a cada ratito, intentaba escaparse.

Ya en casa, Poli soltó a «salvadito» en el tejado y mamá Catuxa no tardó ni un segundo en correr a su encuentro. ¡Bravo por ese rescate!
Vera, cuando volvamos a Laxe «Salvadito» y los otros polluelos aún estarán por nuestros tejados pero, no te apures, ya sabrán volar. Desde nuestras ventanas descubriremos sus secretos, les oiremos como se hacen entender y te explicaré por qué las gaviotas miran todas en la misma dirección cuando sopla el viento. ¿Quieres?


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