¡Señor Pérez!

Hace ya unas semanas, de viaje por el sur, por tierras de olivos, el abu y yo nos hospedamos en una casona, entre montañas. Nada más llegar, algo llamó nuestra atención: -«Mira el zócalo de la pared»- me susurró al oído el abu. ¡Ahí estaba! Una puertecita secreta, pintada de verde, indicaba a las claras que ahí vivía Pérez.

Y tú te preguntarás ¿y ese, quién es? Vera, verás…. Cuenta la historia que Buby, el hijo pequeño de un rey, nada más cumplir cinco años notó, mientras desayunaba, que se le movía su primer diente de leche. Al mediodía, sentado a la mesa delante de un rico plato de carne estofada, Buby se percató que su diente se había caído. Lo puso en una cajita y se lo enseñó a su madre, la reina. Ésta, para que se le pasara la pena, encargó a un fraile que le escribiera un cuento, el del Ratoncito Pérez.

Este ratoncito vive con su esposa y sus tres hijitos en una acogedora caja de galletas. El señor Pérez es muy pequeño y «pura magia» porque es el encargado de guardar los dientes de leche que se os caen.

Cuando los niños se acuestan, deben colocar, con mucho cuidado debajo de la almohada, el diente, al igual que hizo Buby.

Así, el señor Pérez, entrará en la habitación y sin que os despertéis, os dejará un bonito regalo debajo de la almohada y se llevará el diente a su almacén. Si te fijas y abres bien los ojos, Vera, seguro que adivinas que, en esa bolsa roja que lleva, guarda también los «chupes» de los niños que se hacen mayores.

Y te aviso que, como este ratoncito a menudo cambia de casa, tienes que estar atenta a todos los agujeritos y puertecitas secretas que veas. La última que hemos descubierto está en una estación de metro. Si quieres vamos y llamamos a la puerta: «¡toc, toc, toc!». Quizá te abra él o Katalina, su esposa.

El abu y yo sabemos que nuevas puertecitas secretas nos esperan. Cuando quieras emprendemos el camino. Llamaremos a la puerta, despacito: -«¿Nos abre señor Pérez?»-

Pero lo cierto es que nunca esta familia de ratoncitos se ha dejado ver…

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