Tu «bebeteca» está a tu altura. Con solo ponerte de puntillas ya alcanzas las estanterías de madera donde están colocados tus cuentos. Te pillan bien a mano y tú sola los eliges casi siempre en el mismo orden.



Cuentos y más cuentos que en tu primer añito ya hemos «leído»… ¡miles de veces!


Te gusta señalar los dibujos y que te los expliquemos con gestos y sonidos: el «croag» de la señora rana, el potente rugido del león, Caillou, el dinosaurio, la señora vaca o el travieso gato, mientras, muy despacito, pasas las hojas.





Vera, vamos a buen ritmo. Para ti ya no es un secreto buscar los sonidos de la selva o las notas musicales en tus cuentos. Oír el balido de mamá oveja o el pío pío del pollito Pepe y seguir el compás de «Para Elisa», te resulta sencillo y super divertido.


Sabes, Vera, en algún sitio leí que «la voz de los lectores queda atrapada para siempre en los libros, y cada libro tiene todas las voces que alguna vez contaron su historia». Mi deseo es que siempre guardes mi voz en tus cuentos.


Por eso, en tu «bebeteca», hablamos bajito y susurramos las palabras mientras tú te llevas a la boca la esquina de la tapa. Luego, rascas con la punta de tu dedo su textura super concentrada y abrazamos el cuento. Son momentos para guardar en el corazón, porque «leer» da sueños, Vera.


Debe estar conectado para enviar un comentario.