16 de octubre, un domingo «raro» porque comienza una semana «diferente». El «abu» se ha marchado de vacaciones. El plan era irnos juntos los dos, pero mi dolor de oídos me ha atado a la pata de la mesa. No puedo volar. Él, ha ido casi a rastras al aeropuerto. ¿Por qué? Porque no quiere estar sin verte tooodaaa una laargaaa semana.
Mientras Diego llega a su destino, hablemos de la tarde de ayer. Estuvimos en el parque, en los columpios y montaste en el tobogán por primera vez. ¡Alucinaste!



Subida en los balancines, mamá te sujetaba y el «abu» hacía el relincho del caballito, y como ya lo conoces, con tus manos bien colocadas, te agarras fuerte y te balanceas super contenta. Te sientes acompañada y segura.
De vuelta a casa, tú en tu carrito, y yo a tu lado, nos hemos cogido de la mano y hemos avanzado despacito. Íbamos juntas en una conexión total. Dicen los expertos que la clave está en el ADN, que puede ser cuestión de genes. Esto te lo explicaré, a modo de cuento, más adelante porque, antes de que nos demos cuenta, me acompañarás en mis andanzas blogueras, te haré un hueco e investigaremos qué es eso.
El «abu» desde tierras lejanas, te envía un fuerte abrazote de oso.


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