A ti, Vera, ya no hay quién te pare. En cuanto abres los ojos por la mañana, montas una fiesta de balbuceos. Una y otra vez, muy tranquila en tu cuna, te oyes y te escuchas mientras te llevas las manos a la boca para atrapar esos gorjeos.
Te gusta que te respondamos, que balbuceemos contigo y te asombras de los sonidos que salen, a su libre albedrío, de tu garganta. Entre sonrisas, seguimos «parloteando» pero al ratito, es mejor parar. Demasiado esfuerzo emocional Vera, a la primera de cambio… frunces el ceño y se acabó la juerga.

