Lo hablamos en casa: «Ahora que me jubilo, tendré más tiempo» Yo sabía que en algún lugar me estaba esperando. «Aguanta, perrillo, pronto estarás con nosotros».
Y así fue. Hace ya casi siete años fuimos a rescatarle a su protectora. Solo teníamos una foto suya en la que se le veía muy guapo sí, pero solo la cara, su tamaño…

Cuando sus cuidadores le sacaron del chenil y le vimos ¡sorpresa! era como un gran oso polar (Vera, ya sabes que exagero un poco).
Nuestro gran Blacky nos acompañó a recogerle. Iba en el maletero del coche e hizo lo que siempre ha hecho con otros colegas. Se apartó y dejó subir a Humo, le hizo un hueco y desde entonces juntos ya para siempre.
Ese pasado de deambular con su pata rota por Parque Polvoranca, quedó en el olvido. Nueva Vida, su protectora, hizo una gran labor, unió su destino al nuestro.


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