Maneras de dormir

Vayamos por partes, Sergio. Te queda nada para los cuatro meses y no, no has perdido el tiempo. Desde que naciste, allá por febrero, en un frio día de San Sergio, hasta ahora, no has parado.

Has aprendido que mamá y papá están siempre a tu lado, que juegan contigo, que te mecen, que te hablan y, que te ayudan a dormir… Y aquí quería llegar, a tus hábitos de sueño que, como es normal, van cambiando. Te he visto dormir en su cama, en el capazo, jugar a la sombra de una encina en flor o compartir manta de juegos con tu gata Lili antes de cerrar los ojos y abrazar el sueño.

En estos días hemos dicho adiós a la primavera y hemos dado la bienvenida al verano sudando como pollos. Con el calor se hace difícil conciliar el sueño pero, te aseguro pequeñín, que a tus papis no se les pone nada por delante. En cuanto te descuides te contarán el cuento de las 2.000 ovejitas lanudas y pásmate, Sergio, ¡te enseñaran a contarlas! ¡Una ovejita! ¡dos ovejitas! ¡tres ovejitas!… seguro que no pasas de la quinta…

Los días se hacen largos y hay que buscar el fresquito. Aventurero como eres, tumbado a la bartola sobre la hierba o en tu manta de picnic, no pierdes detalle. Al anochecer, llega el momento de acostarte. Tus papás te enfundan en tu pijama de preso y con mucha calma te acunan, hasta que caes.

Son maneras de dormir, el caso es que cierres lo ojitos, te acurruques y descanses como un bendito. Lo de las ovejitas, Sergio, déjamelo a mí. Ya te enseño yo a contarlas.

¡Te lo prometo!

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