En el parque, bastó un segundo. Te señalé un grupo de gorriones tomando el sol y te puse en aviso: «Vera, llámales, verás cómo vienen».

Ayudamos al destino con unas migas de pan y alguna pipa de girasol cruda y, no solo los gorriones, unas palomas se unieron a la fiesta revoloteando a nuestro alrededor, veloces como rayos. ¡Te encantó!

Ahora, en cuanto salimos del portal, mueves tus dedos para llamar la atención de los pájaros: «venid, venid». Les buscas entre el aligustre del jardín y les damos los buenos días.

En el parque, sentada en tu coche, les observas muy calladita. Luego, te vuelves hacia mí y me buscas con tu mirada. Sé lo que esperas. Con mis manos soplo a través de mis pulgares para que suene un silbido, y hago «pío, pío» con mi voz aguda. Sonríes y eso a mí me hace sentir tan bien…



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